Se fue caminando por la mojada calle desierta, encendió el primer cigarrillo entre sus finos y fríos dedos, mientras las lágrimas se agolpaban en sus ojos verdes y el nudo en su garganta se apretaba aún más. Decidió que caminaría un par de calles más y esperaría hasta el segundo cigarrillo para soltar el dolor que habitaba en su alma y dejarlo recorrer su cuerpo, mientras la tristeza la invadía a cada paso, experimentando esa sensación de invasión ya conocida y frecuente en los últimos días.
Se dejó caer en una de las bancas del parque, mientras encendía el siguiente cigarro. Las campanas de la iglesia anunciaron misa de siete. Sabía que tenía una hora antes de verse obligada a regresar a casa para evitar la mirada de los extraños que tanto detestaba.
Miró hacia el cielo mientras sentía el viento helado rozando su piel. Como acababa de llover, sólo veía un sucio gris amenazante.
Y, en ese momento, se terminó la farsa que aparentaba. Recordó cómo minutos antes la desesperación había estado a punto de destruirla, a causa de la terrible certeza que le habían proporcionado ciertas lineas de un polvoso libro que hacía tiempo no abría, (unas lineas que un mes antes no hubieran significado nada).
El dolor volvió a golpearla. Y entonces recordó la razón de por qué estaba ahí: lo había perdido. Lo había perdido y ahora había sido para siempre.
Se dejó caer en una de las bancas del parque, mientras encendía el siguiente cigarro. Las campanas de la iglesia anunciaron misa de siete. Sabía que tenía una hora antes de verse obligada a regresar a casa para evitar la mirada de los extraños que tanto detestaba.
Miró hacia el cielo mientras sentía el viento helado rozando su piel. Como acababa de llover, sólo veía un sucio gris amenazante.
Y, en ese momento, se terminó la farsa que aparentaba. Recordó cómo minutos antes la desesperación había estado a punto de destruirla, a causa de la terrible certeza que le habían proporcionado ciertas lineas de un polvoso libro que hacía tiempo no abría, (unas lineas que un mes antes no hubieran significado nada).
El dolor volvió a golpearla. Y entonces recordó la razón de por qué estaba ahí: lo había perdido. Lo había perdido y ahora había sido para siempre.