Odio los días como hoy. Martes, calurosos, llenos de eventos que me deprimen conforme avanza el tiempo.
Están llenos de una tristeza que se asemeja a un cáncer, que se va extendiendo a lo largo del día, y que cuando te das cuenta ya es demasiado tarde y ya está todo contaminado, todo pegajoso, todo lleno de esa tristeza sucia y pesada, que te hunde a cada paso que das.
A veces es como si despertara de un sueño y me encontrara en los lugares mas absurdos, no recuerdo cómo llegué ahí pero quiero irme lo más pronto posible. Pero claro que recuerdo como llegué ahí. Las circunstancias previas, los motivos. Es sólo que sufro destellos de lucidez en los que se me hace extremadamente absurdo encontrarme ahí, en esa hora, a ese lugar. Quiero escaparme. Porque todas las caras me das asco, todas las opiniones me dan náuseas, toda la gente me enferma. Siento que me van a contagiar se su estupidez, de su ignorancia, de su lentitud. Y me paralizo y observo todo con uba mezcla de reselo y asco. Y quiero adelantar el tiempo pero éste se vuelve más lento, casi como si quisiera retroceder. Hasta que mw dejo llevar por la marea de la indiferencia y compruebo con todo el interés que puedo que es hora de volver a un lugar seguro. Hora de volver a mí. Por unas horas estaré segura. Aunque puede que mañana se repita el mismo ciclo. De toda mi vida.
martes, 20 de mayo de 2014
Días negros
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