martes, 10 de junio de 2014

Querida abuela

Querido abuela, sé que nunca leerás esta carta porque tal vez la estoy escribiendo demasiado tarde, pero una de las muchas cosas que me enseñaste fue que nunca es tarde para empezar.
Quiero decirte que gracias a ti, he aprendido a tomar mejores decisiones en mi vida, y no sólo por lo que me enseñaste en vida, sino lo que aún me sigues enseñando.
Nunca olvidaré todas aquellas frases que me decías llenas de sabiduría, experiencia, conocimiento y sobre todo, llenas de vida."Al tener a mis hijos aprendí el significado del sacrificio, y no en el mal sentido, cuando pones a alguien en un lugar sacro", qué bonitas palabras y que agradecida me siento por haberlas compartido conmigo.
Aunque no todo lo que me contabas era bueno o agradable, al contrario, ahora que lo pienso me contaste más cosas tristes de tu vida que alegres. Y no porque no hayas tenido una vida feliz, sino que tal vez fue porque pensaste que las cosas triste me iban a volver una persona más fuerte.
Recuerdo tu mirada triste cuando me contabas que tus papás no te escuchaban, aquellas relaciones tormentosas que tuviste a montón, con esos novios tan crueles que nunca te atreviste a decir sus nombres.
Yo creo que por eso siempre me decías que nunca me dejara manipular ni hacer lo que un hombre quería, "Cuando un hombre te diga qué hacer, haz justo lo contrario", me decías con una sonrisa torcida. Y ahora no sabes cómo te agradezco que me hayas dado ese consejo.
Tengo que decirte que los últimos días han sido los peores, a veces no sé si estoy arrepentida, decidida, confundida, o todo lo contrario.
"Si nosotros no decidimos qué hacer con nuestra alma, con la de alguien menos", esas palabras tuyas se me van a quedar marcadas siempre. En cada decisión que tome, en cada momento en el que te extrañe.
Siempre te quise hacer muchas preguntas sobre todos los consejos

La muerte está sentada en la fila de atrás.

Fecha original 26/05/2010 Repentinamente llega a tí el golpe final que asegura tus sospechas más obscuras. Te volteas y ves tras de tí un...