Estoy enamorada de el mas que nunca. Y no me perdono por estarlo.
Me hace daño. Me hago daño.
Estoy confundida.
Quiero que me pida que me quede.
En Puebla. En mi misma. En él.
Me estoy consumiendo lentamente.
martes, 18 de septiembre de 2012
Estoyalosoñé.
Hay muchas cosas en mi que no entiendo.
Presiento que va a pasar algo.
A veces ser yo, también cansa.
¿Por qué sueño tanto que me muero?
Creo que me encanta estar triste.
Presiento que va a pasar algo.
A veces ser yo, también cansa.
¿Por qué sueño tanto que me muero?
Creo que me encanta estar triste.
lunes, 20 de agosto de 2012
La reina del ajedrez
"La muerte no es nada, sólo me fui a otra habitación... Siempre soy la misma igual que tú. Lo que fuimos el uno para el otro aún lo somos. Háblame con la sencillez de siempre, no uses un tono distinto, ni solemne, ni triste. Continua riendo como siempre por las cosas que nos divertían. No tengas miedo de pronunciar mi nombre. Bromea, sonríe. Recuerdame. Reza por mi. La vida sigue teniendo el mismo significado de siempre. La muerte es un evento irrelevante. ¿Por qué debería estar perdido porque no puedes verme? Te espero en alguna parte en algún lugar muy cercano. Todo está bien".
Título Original: La regina degli scacchi
Duración: 93 min.
Filmada en: Color
Idioma: Italiano
Dirección: Claudia Florio
Título Original: La regina degli scacchi
Duración: 93 min.
Filmada en: Color
Idioma: Italiano
Dirección: Claudia Florio
lunes, 13 de agosto de 2012
¿Dónde?
Ahí donde tú ves sueños, yo veo futuros.
Ahí donde tú creas sonrisas, yo obtengo recuerdos.
Ahí donde tú percibes sonrojos, yo confirmo suspiros.
Ahí donde tú derramas caricias, yo reprimo deseos.
Ahí, donde tú siempre, y yo, nunca.
Ahí donde tú creas sonrisas, yo obtengo recuerdos.
Ahí donde tú percibes sonrojos, yo confirmo suspiros.
Ahí donde tú derramas caricias, yo reprimo deseos.
Ahí, donde tú siempre, y yo, nunca.
lunes, 30 de julio de 2012
Alguien te extraña.
Alguien extraña tu mirada, tu sonrisa cálida y los abrazos que compartes. La inocencia de tu corazón, el amor de tus ojos. La forma tan sincera en que escuchas y te preocupas.
Alguien extraña el sonido de tu risa y la alegría de tu presencia. La magia de las cosas maravillosas que creas y la manera en que las transmites. Alguien extraña los sueños que hacías realidad.
(...y ese alguien soy yo)
Alguien extraña el sonido de tu risa y la alegría de tu presencia. La magia de las cosas maravillosas que creas y la manera en que las transmites. Alguien extraña los sueños que hacías realidad.
(...y ese alguien soy yo)
martes, 10 de julio de 2012
Verja, tristeza, deseo, carne, lealtad
Caminó lentamente a través del jardín hasta llegar a la verja que dividía su casa del bosque. Recordó las palabras que él siempre decía cuando se encontraban en ese lugar, justo antes de adentrarse al espeso bosque que ella tanto amaba y que él aborrecía. "No entiendo cómo te puede gustar lo desconocido, a mi me aterra saber que no tengo el control". Justamente por eso su relación se encontraba tan hueca y atascada en un desierto de compatibilidades inexistentes.
Ella siempre tan soñadora, tan libre, tan llena de imaginación. Él recatado, frío y con cierto desprecio a todo aquello que ella encontrara interesante.
Por esa y muchas otras razones evidentes, ella sabía que ya no podía seguir fingiendo un amor al que lo supera la pasión por las pequeñas cosas de la vida, como oler un libro viejo, caminar descalza sobre la tierra mojada o sentir la lluvia traviesa en su cara. Lo cual él encontraba ridículo y/o asqueroso.
Ahí fue cuando la tristeza la invadió. Con ese golpe certero que le dió la razón, al hacerla ver que era imposible continuar con un amor que la limitaba en todos los sentidos. Lo amaba, era cierto Sin embargo no entendía como lo había llegado a hacer. Recordaba que le atraía por su total falta de compatibilidad. Pero la evidente falta de deseo de ella hacía él había ido apagando una débil llama que apenas y parpadeaba por momentos.
Atravesó el enrejado y al saberse fuera de los límites de su casa se sintió feliz. Era como si una cortina invisible dividiera las manifestaciones de emociones que sólo conocía estando cerca de la naturaleza. Una liberación que llegaba acompañada por el olor a pino y tierra mojada.
Comenzó a llorar sabiendo que debería sentirse así siempre, sobre todo en su propia casa, pero las asfixiantes imposiciones sociales de una familia como la suya, ya habían llegado al límite de imponerle no sólo forma de vestir, pensar y hasta sentir, sino incluso "él".
Y no, ya no permitiría que ellos se interpusieran entre esa liberación que experimentaba afuera y ella, que parecía un pequeño conejo atrapado en una trampa para osos que no le hacía daño a su carne intacta pero de la cual no podía escapar ella sola.
Tuvo miedo de que nadie llegara, la carta decía que al punto de las 7 de la noche un encapuchado llegaría para acompañarla a atravesar el bosque y abandonar la ciudad en barco esa misma noche. "Tú no eres feliz, lo se, quiero ayudarte a salir de la farsa en la que vives. Confía en mi". Esas eran las últimas palabras de la carta más rara que había recibido en su vida. Le dio muchísimo miedo saber que la había encontrado en su buró. Pero supo que era la única forma de que ella la recibiera sin preguntas de sus alarmados padres.
Algo le dijo que debía confiar en las palabras que automáticamente relacionó con las de un hombre, tal vez porque decían que un encapuchado vendría por ella pero tal vez se trataba de una broma de mal gusto.
No lo sabía pero tenía la certeza de que era la única forma de empezar a cumplir su sueño de viajar por el mundo. Y confió.
Pero parada ahí esperando a un desconocido mucha de esa confianza empezó a torcerse en miedo y pánico.
Su mente empezó a divagar sobre la identidad del desconocido (o desconocida) y se imaginó desde un enano amistoso y bonachón, una viejita con conocimientos de bruja, un apuesto leñador y hasta un asesino en serie que le hacía burla por la cara de espanto que traía.
Escuchó unos ruidos detrás de unos arbustos y sintió como el estómago se le encogía del miedo, pensó en regresar a su casa corriendo lo más rápido que pudiera, en pedirle al asesino que no la matara y que a cambio de perdonarle la vida su padre le daría una gran recompensa. Ya estaba decidida a correr pero sus piernas no le respondieron. Se encontraba tan paralizada del miedo que ni si quiera pudo bajar la cabeza para comprobar que no podía mover ningún sólo músculo a causa de que los sonidos se hacían cada vez más y más fuertes. Era evidente que ya estaba muy cerca de ella.
Entonces apareció detrás de un árbol. Una silueta encapuchada y, no sabía si era por el miedo, pero le parecía enorme. Se movía lentamente hacia ella, con decisión y al mismo tiempo con mucha cautela.
Ella sentía los latidos del corazón en las sienes, ignoraba que su respiración era tan rápida que se volvió audible y lo único que experimentaba era una gran resequedad en la boca.
El desconocido se posó a unos escasos dos metros de ella y lentamente llevó sus manos a su cabeza para quitarse el gorro de la gabardina negra que le llegaba hasta los pies.
Al advertir sus intenciones de mostrar su identidad ella reaccionó cerrando los ojos. Era una revelación que le daba mucho miedo conocer. Pudo escuchar como rozaban los pliegues de la tela de la gabardina y supuso que ya estaría allí su misterioso cómplice dispuesto a ver sus ojos cuando se abrieran.
Se armó de valor y abrió los ojos de golpe. Casi se desmaya de la impresión.
Efectivamente se trataba de un hombre. Alto, castaño y con unos ojos grandes tremendamente familiares, su mirada era tranquila y había algo en ella que la invadió de una paz enorme. Ya no sentía miedo sino curiosidad. Deseaba saber en dónde había visto esos ojos discretos y profundos, como flores en una enredadera inmensa.
¡Eso era! El jardinero. No, el hijo del jardinero. Y en ese intente todo se le aclaró. Su ventana abierta al jardín habían facilitado la llegada de la carta a su habitación que se encontraba en la planta baja de la casa, todas esas peleas con sus padres frente a cualquier persona que haya estado en su casa, incluso las fugaces miradas que él le dedicaba mientras ayudaba a su padre a desojar las rosas.
Una mano derecha en forma de invitación la sorprendió. Ninguno de los dos había dicho ni una palabra pero ella sabía que se entendían perfectamente. Por eso caminó hasta tomar su mano con decisión y sin ningún tipo de miedo, y al tocaría la invadió un calor que nunca antes había sentido. Y él sonrió, al igual que ella. Pues ambos sabían que por primera vez se estaba siendo fiel a ella misma, experimentaba una lealtad que la llenaba de ganas de subirse en ese mismo instante al barco y partir hacía aventuras que tenían su nombre.
Soltó su mano, volvió sobre sus pasos, tomó la maleta que había olvidado por el miedo, y retornó al calor de sus dedos largos con una sonrisa que decía que sí a todo.
Y nunca más regresó.
Ella siempre tan soñadora, tan libre, tan llena de imaginación. Él recatado, frío y con cierto desprecio a todo aquello que ella encontrara interesante.
Por esa y muchas otras razones evidentes, ella sabía que ya no podía seguir fingiendo un amor al que lo supera la pasión por las pequeñas cosas de la vida, como oler un libro viejo, caminar descalza sobre la tierra mojada o sentir la lluvia traviesa en su cara. Lo cual él encontraba ridículo y/o asqueroso.
Ahí fue cuando la tristeza la invadió. Con ese golpe certero que le dió la razón, al hacerla ver que era imposible continuar con un amor que la limitaba en todos los sentidos. Lo amaba, era cierto Sin embargo no entendía como lo había llegado a hacer. Recordaba que le atraía por su total falta de compatibilidad. Pero la evidente falta de deseo de ella hacía él había ido apagando una débil llama que apenas y parpadeaba por momentos.
Atravesó el enrejado y al saberse fuera de los límites de su casa se sintió feliz. Era como si una cortina invisible dividiera las manifestaciones de emociones que sólo conocía estando cerca de la naturaleza. Una liberación que llegaba acompañada por el olor a pino y tierra mojada.
Comenzó a llorar sabiendo que debería sentirse así siempre, sobre todo en su propia casa, pero las asfixiantes imposiciones sociales de una familia como la suya, ya habían llegado al límite de imponerle no sólo forma de vestir, pensar y hasta sentir, sino incluso "él".
Y no, ya no permitiría que ellos se interpusieran entre esa liberación que experimentaba afuera y ella, que parecía un pequeño conejo atrapado en una trampa para osos que no le hacía daño a su carne intacta pero de la cual no podía escapar ella sola.
Tuvo miedo de que nadie llegara, la carta decía que al punto de las 7 de la noche un encapuchado llegaría para acompañarla a atravesar el bosque y abandonar la ciudad en barco esa misma noche. "Tú no eres feliz, lo se, quiero ayudarte a salir de la farsa en la que vives. Confía en mi". Esas eran las últimas palabras de la carta más rara que había recibido en su vida. Le dio muchísimo miedo saber que la había encontrado en su buró. Pero supo que era la única forma de que ella la recibiera sin preguntas de sus alarmados padres.
Algo le dijo que debía confiar en las palabras que automáticamente relacionó con las de un hombre, tal vez porque decían que un encapuchado vendría por ella pero tal vez se trataba de una broma de mal gusto.
No lo sabía pero tenía la certeza de que era la única forma de empezar a cumplir su sueño de viajar por el mundo. Y confió.
Pero parada ahí esperando a un desconocido mucha de esa confianza empezó a torcerse en miedo y pánico.
Su mente empezó a divagar sobre la identidad del desconocido (o desconocida) y se imaginó desde un enano amistoso y bonachón, una viejita con conocimientos de bruja, un apuesto leñador y hasta un asesino en serie que le hacía burla por la cara de espanto que traía.
Escuchó unos ruidos detrás de unos arbustos y sintió como el estómago se le encogía del miedo, pensó en regresar a su casa corriendo lo más rápido que pudiera, en pedirle al asesino que no la matara y que a cambio de perdonarle la vida su padre le daría una gran recompensa. Ya estaba decidida a correr pero sus piernas no le respondieron. Se encontraba tan paralizada del miedo que ni si quiera pudo bajar la cabeza para comprobar que no podía mover ningún sólo músculo a causa de que los sonidos se hacían cada vez más y más fuertes. Era evidente que ya estaba muy cerca de ella.
Entonces apareció detrás de un árbol. Una silueta encapuchada y, no sabía si era por el miedo, pero le parecía enorme. Se movía lentamente hacia ella, con decisión y al mismo tiempo con mucha cautela.
Ella sentía los latidos del corazón en las sienes, ignoraba que su respiración era tan rápida que se volvió audible y lo único que experimentaba era una gran resequedad en la boca.
El desconocido se posó a unos escasos dos metros de ella y lentamente llevó sus manos a su cabeza para quitarse el gorro de la gabardina negra que le llegaba hasta los pies.
Al advertir sus intenciones de mostrar su identidad ella reaccionó cerrando los ojos. Era una revelación que le daba mucho miedo conocer. Pudo escuchar como rozaban los pliegues de la tela de la gabardina y supuso que ya estaría allí su misterioso cómplice dispuesto a ver sus ojos cuando se abrieran.
Se armó de valor y abrió los ojos de golpe. Casi se desmaya de la impresión.
Efectivamente se trataba de un hombre. Alto, castaño y con unos ojos grandes tremendamente familiares, su mirada era tranquila y había algo en ella que la invadió de una paz enorme. Ya no sentía miedo sino curiosidad. Deseaba saber en dónde había visto esos ojos discretos y profundos, como flores en una enredadera inmensa.
¡Eso era! El jardinero. No, el hijo del jardinero. Y en ese intente todo se le aclaró. Su ventana abierta al jardín habían facilitado la llegada de la carta a su habitación que se encontraba en la planta baja de la casa, todas esas peleas con sus padres frente a cualquier persona que haya estado en su casa, incluso las fugaces miradas que él le dedicaba mientras ayudaba a su padre a desojar las rosas.
Una mano derecha en forma de invitación la sorprendió. Ninguno de los dos había dicho ni una palabra pero ella sabía que se entendían perfectamente. Por eso caminó hasta tomar su mano con decisión y sin ningún tipo de miedo, y al tocaría la invadió un calor que nunca antes había sentido. Y él sonrió, al igual que ella. Pues ambos sabían que por primera vez se estaba siendo fiel a ella misma, experimentaba una lealtad que la llenaba de ganas de subirse en ese mismo instante al barco y partir hacía aventuras que tenían su nombre.
Soltó su mano, volvió sobre sus pasos, tomó la maleta que había olvidado por el miedo, y retornó al calor de sus dedos largos con una sonrisa que decía que sí a todo.
Y nunca más regresó.
domingo, 8 de julio de 2012
Para ti.
No hay nada peor que un chingón que se cree mediocre.
Las respuestas están en ti mismo, sólo hace falta que te armes de valor y sepas identificarlas.
Personas como nosotros solemos ser muy fuertes en las peleas a golpes, o frente a los amigos y familia, o incluso en los momentos difíciles; pero en cosas como estas toda esa valentía y voluntad se desvanecen como por arte de magia.
Te va a tomar el tiempo necesario darte cuenta tú mismo de que es hora de abrir los ojos a tu interior y ver las cosas como son y no como te gustaría que fueran.
Qué más quisiera que todo fuera fácil para ti y no tuvieras que estar pasando por esto. Y viéndolo fríamente se me hace ilógico que me preocupe tanto por ti o incluso que te quiera de esta forma, pero ayer en frente de tus papás dijiste algo muy cierto que me hizo ver las cosas de una manera más sencilla, más madura, más completa. Tú dijiste: Nos queremos más de lo que creemos, y es verdad. Para cualquier persona eso podría parecer una tontería porque parece imposible llegar a querer a alguien así en menos de 4 semanas, pero me considero afortunada por ser una de las pocas personas que entienda el verdadero significado del destino. Tal vez no estábamos destinados a conocernos pero me gusta pensarlo de esa forma, que al coincidir nuestros caminos la vida quiso que nos ayudáramos mutuamente y eso es lo que más quiero hacer en estos momentos. Así que no me importa si a alguien esta amistad y este cariño se le hace falso, temporal o hasta imposible, yo se que es algo sincero y muy inocente y que tú también lo sientes así, y si la gente no lo entiende es porque no han tenido la suerte de que les pase algo como este golpe que nos dio la vida en Cholula.
Por favor no me decepciones ni a mi ni a mi confianza que cree plenamente en ti, y en que por más grande que parezca este reto, las dos sabemos que lo podrás superar así como Gokú venció a Freezer en esa batalla que parecía imposible de ganar.
Toma la mejor decisión para ti y no tengas miedo de arriesgarte, ojalá que no sea demasiado tarde y creeme que te digo de corazón lo siguiente: ojalá que no la pierdas.
No es fácil para mi decirte esto pero si quiero que seas valiente yo también debo serlo.
Te quiero mucho y quiero lo mejor para ti. Nunca dudes en pedirme algo que sepas que te va a beneficiar, por difícil que sea, y sí, me refiero a eso que te estás imaginando. Si eso te ayuda por más difícil y triste que sea para mi creeme que le voy a echar ganas y lo cumpliré sólo para saber que tú estás bien.
Cada vez me doy cuenta de lo raro que suena esto, que a pesar del poco tiempo te quiera así y me preocupe así por ti, pero espero que sepas que es totalmente honesto esto que siento y lo puedes comprobar.
Por eso te doy mi hombro en estas palabras, no para que llores sino para que te apoyes y te levantes y encares a la felicidad.
Gracias y perdoname.
Las respuestas están en ti mismo, sólo hace falta que te armes de valor y sepas identificarlas.
Personas como nosotros solemos ser muy fuertes en las peleas a golpes, o frente a los amigos y familia, o incluso en los momentos difíciles; pero en cosas como estas toda esa valentía y voluntad se desvanecen como por arte de magia.
Te va a tomar el tiempo necesario darte cuenta tú mismo de que es hora de abrir los ojos a tu interior y ver las cosas como son y no como te gustaría que fueran.
Qué más quisiera que todo fuera fácil para ti y no tuvieras que estar pasando por esto. Y viéndolo fríamente se me hace ilógico que me preocupe tanto por ti o incluso que te quiera de esta forma, pero ayer en frente de tus papás dijiste algo muy cierto que me hizo ver las cosas de una manera más sencilla, más madura, más completa. Tú dijiste: Nos queremos más de lo que creemos, y es verdad. Para cualquier persona eso podría parecer una tontería porque parece imposible llegar a querer a alguien así en menos de 4 semanas, pero me considero afortunada por ser una de las pocas personas que entienda el verdadero significado del destino. Tal vez no estábamos destinados a conocernos pero me gusta pensarlo de esa forma, que al coincidir nuestros caminos la vida quiso que nos ayudáramos mutuamente y eso es lo que más quiero hacer en estos momentos. Así que no me importa si a alguien esta amistad y este cariño se le hace falso, temporal o hasta imposible, yo se que es algo sincero y muy inocente y que tú también lo sientes así, y si la gente no lo entiende es porque no han tenido la suerte de que les pase algo como este golpe que nos dio la vida en Cholula.
Por favor no me decepciones ni a mi ni a mi confianza que cree plenamente en ti, y en que por más grande que parezca este reto, las dos sabemos que lo podrás superar así como Gokú venció a Freezer en esa batalla que parecía imposible de ganar.
Toma la mejor decisión para ti y no tengas miedo de arriesgarte, ojalá que no sea demasiado tarde y creeme que te digo de corazón lo siguiente: ojalá que no la pierdas.
No es fácil para mi decirte esto pero si quiero que seas valiente yo también debo serlo.
Te quiero mucho y quiero lo mejor para ti. Nunca dudes en pedirme algo que sepas que te va a beneficiar, por difícil que sea, y sí, me refiero a eso que te estás imaginando. Si eso te ayuda por más difícil y triste que sea para mi creeme que le voy a echar ganas y lo cumpliré sólo para saber que tú estás bien.
Cada vez me doy cuenta de lo raro que suena esto, que a pesar del poco tiempo te quiera así y me preocupe así por ti, pero espero que sepas que es totalmente honesto esto que siento y lo puedes comprobar.
Por eso te doy mi hombro en estas palabras, no para que llores sino para que te apoyes y te levantes y encares a la felicidad.
Gracias y perdoname.
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